Las intensas lluvias que azotaron la ciudad de Potosí desde la tarde del 1 de enero y se extendieron hasta la madrugada de este 2 de enero dejaron una estela de angustia, destrucción y llamados desesperados de auxilio. En medio del ruido incesante de la lluvia, el Cuerpo de Bomberos respondió a numerosos pedidos de emergencia, enfrentando escenas marcadas por el temor y la pérdida.
Uno de los casos más graves se registró en la calle Aguirre, donde la fuerza del agua provocó el colapso parcial de un inmueble. En cuestión de minutos, el agua ingresó con violencia a la vivienda, arrasando con enseres y causando daños materiales de consideración. Los bomberos, desafiando la corriente y el riesgo estructural, lograron intervenir para evitar consecuencias mayores y brindar apoyo a los afectados, quienes observaban impotentes cómo su patrimonio era devorado por la inundación.
Las emergencias no cesaron con la noche. Ya en la madrugada del 2 de enero, las inundaciones continuaron golpeando a distintos sectores de la ciudad, entre ellos un domicilio particular de la zona Tikaloma. Allí, la situación volvió a ser crítica y requirió una rápida acción del personal de bomberos. En su afán por socorrer a las personas atrapadas por el agua, algunos efectivos sufrieron afectaciones en su salud, evidenciando el alto costo humano que implica enfrentar este tipo de desastres.
Potosí amaneció con el saldo de hogares dañados y familias golpeadas por la naturaleza, pero también con el reconocimiento al sacrificio silencioso de los bomberos, quienes, aun poniendo en riesgo su propia integridad, permanecieron firmes en su misión de proteger vidas en las horas más oscuras de la emergencia.

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